Erica

Hoy, Azahara, me ha pedido permiso para dedicar una entrada, así que la cedo el sitio:

Azahara al aparato.
Agradezco a La Oveja Mariana que me haya dejado escribir hoy en el blog.
Quiero dedicar unas palabras a Erica, mi prima mayor, mi amiga, mi hermana.

Cuando yo nací, ella ya estaba ahí. No recuerdo como fue exactamente el momento en el que nos conocimos, pero las imágenes valen más que 1000 palabras.

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Las dos fuimos creciendo.
Recuerdo subir la cabeza para mirarla y pensar:

“¡Qué prima más mayor tengo!”.

Claro, para mí, una mico de 5 años, ella era una gigante.

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Haciendo los deberes

Durante unos pocos años, fuimos al mismo colegio. Nuestra abuela solía llevarnos; bueno, de mí tiraba, porque siempre iba mirándolo todo, y, por esta razón, acabó convirtiéndose en costumbre que ambas me dijeran que parecían mulas de carga, camiones o tractores.
En una ocasión, yendo al cole por la calle Francos Rodríguez, a la altura de la tienda de ropa de mujer “Machin”, la abuela y yo escuchamos a Erica gritar:

¡Qué asco! !qué asco!

Una paloma depositó sobre su cabeza y, posteriormente sobre su hombro, una asquerosa caquita.
La abuela sacó su pañuelo-ese que siempre guardaba en el sujetador-, limpió a Erica, que tenía una gran cara de indignación, la ofreció quitarse el babi y continuamos caminando hacia el colegio.
Un día, de tantos otros de colegio, Erica se cayó por las escaleras del metro y  apareció en casa de la abuela con un collarín. Yo la miraba con gran preocupación y pensaba en el tortazo tan grande que se había dado para hacerse daño en el cuello. En mi imaginación, la caída fue, y sigue siendo, terrible. No puedo subir o bajar las escaleras del metro sin pensar en el tortazo que se dio.

A veces, Erica se quedaba a dormir en mi casa.
Me  encantaba que durmiera conmigo en el sofá-cama del salón. Por las mañanas, siempre se levantaba diciendo:

Me has dado un montón de patadas esta noche, enana.

Yo la miraba incrédula y pensaba:

Lo habrás soñado, porque yo no me acuerdo de nada.

Una de esas veces que Erica durmió en mi casa, se le cayó un diente. El Ratoncito Pérez la trajo una pulsera bonita, bonita.

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Fiesta de cumpleaños en casa. De izquierda a derecha: Azahara, Lorena, Javi, mi hermano Rodri, Erica, Bárbara y Esmeralda

Erica se fue a vivir a Tres cantos en algún momento de su vida (no recuerdo cuál), y en su casa, tenía un piano electrónico.
Yo observaba cómo tocaba la Marcha Turca, guiada por las lucecitas que le marcaban las teclas que debía pulsar, y me quedaba alucinada. Tan alucinada me quedé, que gracias a ese piano, a ella, aprendí a tocar.
En su casa de Tres Cantos, tenía una tortuga pequeñita, pequeñita, que caminaba por la cocina cuando la sacábamos del terrario. Esa tortuga hoy en día, ya no está pero tiene otra enorme (Casi ¿no?).

Erica se hizo adolescente, y yo continuaba viéndola como una chica enorme: salía con sus amigas, contaba cosas de mayores, salía en Nochevieja y se vestía de forma espectacular, … En las fiestas de Colmenar, pedía a mi madre que la peinara y, yo, durante años, observé los peinados tan chulos que mi madre hacía.151

Unos años más tarde, yo entré en la adolescencia, y comencé 1ºESO en el instituto.
Erica, se mudó a Colmenar, a un piso cerca de mi instituto y, durante un curso entero, estuve yendo por la mañana a desayunar a su casa.
Ella dormía hasta las 8.00 y, a pesar de que su radio la intentaba despertar, yo entraba en su cuarto y la decía que debía despertarse, que era la hora. Ella, casi siempre respondía perezosa:

Sí, ya voy…

Ese curso, mis padres se fueron unos días y yo me quedé en su casa. Como mi tía llegaba tarde de trabajar, nos tocó hacer la cena. Miramos en la nevera y vimos unas ricas croquetas. Sacamos una sartén, pusimos el aceite, el fuego a temperatura para freír y las croquetas. Poco a poco se iban friendo, y friendo, ¡y friendo…! Vamos, que comimos croquetas negras.

Y, en fin, que así han ido pasando los años: llenos de recuerdos, de experiencias, de momentos únicos, de charlas interminables, de cumpleaños inolvidables, …Y, hoy cumples 30 años, nos vamos haciendo mayores juntas. Ya sabes que ahora nos toca vivir nuevas y emocionantes experiencias, algunas “asustan” un poco, pero lo mejor de todo es que te tengo a ti para compartirlas y tú a mí.

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Siempre, aquí, allí o en La Conchinchina, para lo que necesites.

Te quiero

¡Feliz cumpleaños!

4 comentarios en “Erica

  1. Erica dijo:

    Mi querida enana, ya tenemos 30 y 25 años, pero tu siempre seguirás siendo mi enana y hermanita ;).
    La verdad es que hemos vivido muchisiiisimas cosas juntas, y aún siendo tú la pequeña, he aprendido mucho de ti.
    Me has enseñado que si algo te gusta o quieres hacer algo, da igual lo que la gente opine o diga, como cuando llevabas tu vestido rosa al instituto toda orgullosa aunque las demás niñas de tu clase te dijeran cosas.
    Me has enseñado que si quiero de verdad algo tengo que ir a por ello y también me has enseñado que puedo con todo lo que me venga, lo que me asusta y lo que no tengo bajo control, dándome la confianza que necesito y apoyándome en todo momento.

    Ahora estas viviendo una aventura en el otro lado del mundo, pero a pesar de la distancia, seguimos estando igual de juntas que siempre, y nos seguimos teniendo la una a la otra en todo momento, incluso a altas horas de la madrugada en un sitio u otro ;).

    Te quiero mucho primita.

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  2. Erica dijo:

    P.D: La tortuguita de Tres Cantos era Tomasa, y la pobrecita no dejó…. Ahora está Casiopea que vino de la mano de Elvira hace exactamente 8 años como regalo de cumpleaños. 🙂

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