Cosas del embarazo

Jelou!

Hoy, ya en la semana 38+4, me animo a hablar sobre algunas cosas del embarazo.

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Mi experiencia está siendo bastante buena en cuanto a síntomas típicos. No puedo decir que no haya tenido alguna molestias, pero han sido tan leves que me considero afortunada. Eso sí, he de reconocer que toda mi preocupación, gira en torno al bebé, a Violeta. ¡Vaya responsabilidad es llevar una vida dentro! Sólo deseo que nazca bien y que esté sana. 

Durante el embarazo, he descubierto cosas que normalmente no te cuentan y, que me parecen curiosas de comentar, pues supongo que casi todas las mujeres pasan por ello a medida que su cuerpo cambia de tamaño. Allá voy:

  1. ¿Dónde están mis abdominales?
    Un día te tumbas en el sofá o en la cama y te intentas incorporar como de costumbre. De pronto, te das cuenta de que no es posible y te ves cual cucaracha boca arriba con las patitas y los brazos hacia el techo. Es el momento de aprender una nueva habilidad: incorporarse haciendo la croqueta. Ruedas por tu costado y, ¡arriba!
    Mientras, tu pareja te mira y se ríe. Como tú también te ríes, tus abdominales no dan más de sí e incorporarte acaba convirtiéndose en un auténtico reto.
  2. El suelo…¡buff!
    No sé si es vuestro caso, pero basta que te haya crecido un poquito la tripa para te parezca que el suelo está a una distancia descomunal y, lo peor de todo, es que todo se te cae. Estiras los brazos hacia al suelo para recoger algo que se ha caído y piensas: “¿Cuándo me han encogido los brazos?”. Lo que antes hacías sin problemas, ahora es otro auténtico desafío. Pronto empiezas a buscar la manera de que el objeto que se ha caído vuelva a su sitio.
    En mi caso, si Nacho está en casa, recurro a la frase “de ahí no pasa” y  pongo ojos del gato de Shrek.
    Si estoy sola en casa, agarro el objeto con los dedos del pie (como un monito), doblo la rodilla de tal manera que el pie llegue hasta mi mano y ¡voilá, objeto recogido!
    (Bendito el día que mis profesoras de ballet me dijeron que practicara recoger bolígrafos con los dedos de los pies).
    Ponerse unos calcetines, unos pantalones o unos zapatos sin sentarse, también es otro reto.
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  3. Dormir
    A medida que la barriga crece, aparecen algunos dolores lumbares y calambres en las piernas, así que comienzas a llenar la cama de cojines extras: un cojín entre las piernas, otro en la espalda, otro debajo de la tripa, el de la cabeza, … Al final, te encuentras en un bunker de cojines y dejas de saber si tu pareja sigue durmiendo a tu lado.
    Yo compré, en torno a la semana 28, una almohada de embarazo a la que bautizamos como Marido Dos (Marido a secas para los colegas) y, oye, mano de santo. Es tan blandita y achuchable que, al final, acabamos los dos abrazados a Marido.
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  4. ¡Azuuuuuúcarrrr!
    A principio del segundo trimestre, empecé a tener hipoglucemias, muchas de ellas después de haber desayunado bien de hidratos de carbono, que son de absorción más lenta, y, a pesar de ello, me mareaba a la más mínima. Por esta razón, mi bolso iba, y va, cargado de snacks para no caer redonda en medio de la calle.
  5. ¿Volver o no volver? Esa es la cuestión
    Llega el momento en que el bebé comienza a presionar tu vejiga, así que intentas ir al baño antes de salir de casa (tengas o no ganas). Sales de casa, comienzas a andar y a unos 30 metros, comienzas a notar presión. Te paras y piensas: “¿vuelvo a casa ahora que estoy cerca?”. El bebé deja de presionar y sigues caminando 20 metros más. Vuelve a presionar. Retrocedes y haces el camino de vuelta a casa. Deja de presionar. Te paras. La sensación pasa de largo. Vuelves a avanzar y, con un poco de suerte, puedes seguir con el paseo sin tener sensación de tener que ir al baño.
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  6. Auto-depilarse
    ¡Jajajajajajajajajaja! No haré muchos comentarios al respecto. Por poder, se puede (no hablo de las piernas). Cada una se las ingenia de una manera. ¿El resultado? Jajajajaja…
  7. ¿Quién ha puesto todas estas escaleras aquí?
    Cuando volvimos a España por Navidad, estuvimos en casa de mis padres, como siempre. Mi habitación está en la buhardilla, 4ª planta sin ascensor. Afortunadamente, no había que subir desde el garaje, por lo que podemos considerar 3ª planta. Aún así, había que subir o bajar dos escaleras varias veces al día: para desayunar, para ducharse, para coger algo que se te ha olvidado, para ponerse el pijama, ¡para todo!, ya que es ahí donde dejamos nuestras cosas para pasar unos días.
    La primera vez que subes en el día, lo llevas bien, pero las siguientes…Miras hacia arriba, subes un escalón, dos escalones, tres, cuatro, cinco, …Vuelves a mirar hacia arriba y aún no ves la cumbre. Dieciséis escalones más tarde, alcanzas la cima. Bien, no estás  excesivamente sofocada, pero…¡oh. no, falta otro tramo! Empiezas a subir agarrándote a las barandillas y, por fin llegas. Jadeas. Vuelves a bajar las dos escaleras y… “¡Mierda! se me ha olvidado…”
    Y es que el embarazo avanza y el cuerpo se cansa con más facilidad.
  8. ¡Nooooo! ¿Por quuuué?
    Llega ese momento de relax, el de ver una película en el sofá.
    Te preparas un vaso de agua y lo dejas encima de la mesa de café. Ya con una tripa interesante, te acomodas en el sofá y pones las piernas encima de la mesita. Te entra sed. Miras el vaso. Te das cuenta que no lo has dejado al alcance de tu mano. “¡Noooo! ¿Por qué?”. Bajas las piernas, sacas el culo del sofá y pierdes la posición tan cómoda que tanto te había costado conseguir.
    (Lo del vaso de agua es aplicable al mando de la tv).IMG_3372.JPG
  9. Ropa de embarazada
    La primera vez que compras unos vaqueros premamá hace una ilusión increíble. Yo los compré en torno a la semana 16 y descubrí lo que es tener unos pantalones vaqueros realmente cómodos. Unas semanas más tarde, compras medias de premamá para ponerte con vestidos y ¡guaaaau! No aprietan la barriga, las costuras son blanditas, las telas suelen ser suaves, …¡es el paraíso!
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    También están los leggins, las camisetas elásticas y largas que se ajustan a tu cuerpo, camisolas, la ropa interior, camisones,… ¡una maravilla!
    Y, como es mi caso, un poco más tarde, cuando llegas a la semana 34, toda esa ropa que has comprado parece que ha encogido. (Bueeeeno, vale, no, tú te has hecho más graaaande). Abres el armario, sacas los vaqueros que antes te parecían hipercomodísimos, te los pones un rato y ¡grrr! Estás deseando llegar a casa para quitártelos y ponerte el chandal, el pijama que aún te vale o un camisón ligero que te deje libertad.
    He de decir que no me he vuelto loca con las compras de ropa de premamá. Al dejar de valerme a las 34 semanas, decidí que ya no me merecía la pena comprar más cosas. Bueno, sí, compré otros leggins premamá más grandes, pero desde hace una semana y pico, me aprietan demasiado la tripa…
    Conclusión: en esta recta final, ¡voy hecha una pintas! jajaja
    ¡Tenemos unas ganas locas de conocer a Violeta! 😀

¡Feliz martes!

 

 

8 comentarios en “Cosas del embarazo

  1. Anónimo dijo:

    jajajaja, si, recuerdo algunas de esas situaciones. ¿Dónde están tus abdominales? las tendrás que buscar después con esfuerzo y recordar donde las dejaste porque no vuelven a ti sin buscarlas bien. Recuerdo mi experiencia en el gimnasio después de que tu nacieras. Tu eras el bebé perfecto, más buena no podías ser, asi que las noches eran relajadas. Yo me sentía ágil y estupenda, había perdido todo el peso que gané en el embarazo, y por enredar con mi hermano, tu tío, nos apuntamos al gimnasio. Allá que nos tumban en el suelo y nos mandan subir las piernas….¡jajajajaa! nunca he tenido unas zapatillas más pesadas, ¡imposible! parecían tener quilos de plomo. Miraba a Dyto confusa, pensando que tendría que ser cosa si no de las zapatillas, de algún extraño fenómeno de atracción terrestre. Yo tenía que poder, nunca fue cosa tan díficil. Roja de esfuerzo ya me entraba la risa mientras seguía buscando mañas para levantar esos objetos tan pesados que eran mis pies. Obviamente, aquella primera vez no lo conseguí ni quitándome las deportivas. Tuve que esforzarme mucho en buscar aquellos músculos que dejé meses atrás. A favor de nuestro cuerpo humano tan bien diseñado, recuperas casi todo lo perdido y además, ¡también hay ganancias!.
    ¿Dónde tienes a Mariana? supongo que también está ilusionada con la espera de Violeta. Bueno, que te ayude, métela en la maletilla del hospital que le hará ilusión ayudarte en las contracciones y tu también agradecerás su apoyo.
    Muchos besos. Todos estamos emocionados con la espera de Violeta. Pronto, pronto estará en tus brazos y estaréis encantadas de reconoceros. Ya nos contarás.

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  2. Erica dijo:

    Ay que no queda ya nada¡¡ que ganas tenemos todos de conocer a Violeta¡
    Que recuerdos jeje, eso de no poder atarte los cordones de los zapatos y acabas haciendo una lazada en un ladito porque la pierna no da para mas. Y ver como las camisetas van encogiendo tanto que al final vas enseñando el ombligo 🙂
    Se te ve estupenda y guapiiiisima, reflejo de la nena que llevas dentro.
    Muuuakss¡¡¡

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  3. Anónimo dijo:

    Pues aprovecho este espacio y este tiempo para comentar otra experiencia “embarazosa”. ¡Escaleras!, si las de mi casa, esas a las que haces referencia en tu crónica.
    Yo siempre me creí una especie de supermujer, (una cuestión de fe en una misma), fuerte, a pesar de no haber podido hacer levantamiento de zapatillas en algún periodo de postparto. Agil y de una gran elasticidad, a pesar de haberme dislocado la pelvis en el primer parto. Durante los embarazos reconozco que he bailado, saltado, corrido, y subido a mis zapatos de tacón a diario. Presumía de encontrarme en plena forma pelota.
    Nosotros viviamos en un tercero sin ascensor y estaba acostumbrada a realizar levantamiento de pesos ligeros, medios y pesados. Lo mismo llevaba un carrito de bebé con niñ@ incluido, que subía las bolsas de la compra mensual. (esto era todo una tontuna, si os contase de mi madre….)
    En el curso de mi último embarazo nos cambiamos de casa, aquí a las afueras, al consiguiente adosado. Estas casas que están construidas como viviendas verticales, y que desde el garaje a la buhardilla cuentas 48 escalones. Bueno, como aún no teníamos buhardilla, tuvimos que construir las escaleras y meternos en la obra. Asi que sumamos la albañilería a las escaleras, la mudanza, la limpieza, la organización de la nueva casa.
    ¿Escaleras? yo miraba desde la entrada al piso superior y me parecía una lejana cima, que no inalcanzable, pero difícil de superar cargada con cajas, perchas, cachivaches, y barriguilla…Siempre fue resistente a las dificultades y he luchado con moral alta por la superación de ellas. ¡Ay madre, cada día que volvía de trabajar y me enfrentaba a mi maravillosa nueva casa en obras, y miraba hacía la subida a la siguiente planta, flojeaba mi moral. ¡Uf, pensaba que había sido un error comprar este maravilloso adosado! me decía “¿y toda la vida asi, subiendo y bajando escaleras?”
    ¡Oye, pues me acostumbré! y mi niña salió echa una atleta. ¿Será por las escaleras que subí y bajé en su embarazo?

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      • Anónimo dijo:

        Claro, mogollón de veces he subido y bajado las escaleras. muchas veces del tirón, y muchas veces he repetido el ejercicio por eso de “se me ha olvidado”. Pero no queda la cosa en 48 escalones, porque tenemos 9 mas. Pero es opcional hacerlas todas. Esos nueve escalones son los de la entrada. ¿Nunca te había dado por contar los escalones? Cuando erais pequeños siempre subíamos los escalones contando. De hecho en la casa de Madrid también había 48 peldaños desde la planta baja hasta nuestra puerta, había que sumar 3 del portal. ¡Anda, qué curiosidades!

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      • laovejamariana dijo:

        Claro que he contado los escalones, varias veces.
        Si no recuerdo mal, creo que hay 16 de la entrada a las habitaciones y 12 más a la buhardilla. Eso quiere decir que entonces del garaje a la entrada hay 20, más los 9 de la entrada…¡57! ¿Cuentan los escaloncitos de las terrazas? Jijiji

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