Al cine con bebé

¡Hola ovejitas!

Cuando Azahara estaba embarazada y vieron que en junio se estrenaría la película de Buscando a Dory, comentaron, en parte en broma, que irían a verla con Violeta.


Llegó junio y, con él, el estreno de tan esperada película. A decir verdad, no se habían vuelto a plantear la idea de ir al cine con Violeta, pero un día antes del estreno, Robert preguntó a Nacho si se animaban a ir al cine:

Nacho: To the theatre? With a baby?/ ¿Al cine? ¿Con un bebé?.

Robert: Yes, Why not? / Sí, ¿Por qué no?

Nacho: Okay, We can try it./ Okay, podemos intentarlo.

Llegó el día del cine.


La sesión era a las 14.30. Violeta no pagaba la entrada por ser menor de 2 años (¡toma ya! Punto a favor). Entraron en la sala. No había mucha gente, y los que había eran padres con niños, así que perfecto. Nadie se extrañó.

Empezó la película.

El volumen, algo que preocupaba a Azahara, estaba adaptado para público infantil, así que más que mejor. Violeta estaba en su carrito tranquila, pero la tocaba dormir y Azahara decidió cogerla para dormirla y que no llorara lo más mínimo. Así fue.


Tras dormir profundamente, se despertó para ver el final de la película.


Parece que le gustó mucho ver a los pececitos moviéndose de un lado a otro 🐳🐬🐟🐠.

La experiencia fue muy buena y todo salió a pedir de boca 😀.

¡Feliz martes!

PD: Gracias a todos por leer la entrada anterior y por todos los ánimos. A veces se me hace un poco cuesta arriba, pero gracias a vosotros, me siento mejor 😘😘

Timelapse de embarazo

Escribo algo breve, porque tengo poco tiempo últimamente. Desde que Violeta está aquí, mis días se han completado, y ¡no veáis cuánto! Es un bebé que apenas llora y duerme bien (toco madera para que siga siendo así), pero estoy con ella todo el día y el ordenador, redes sociales, etc, han quedado en un segundo plano.

Durante los meses de embarazo, fotografié, día a día y semana a semana, cómo iba creciendo la tripa para tener un bonito recuerdo de este proceso tan increíble. Hoy, por fin, he podido acabar el timelapse. ¡No veáis las ganas que tenía de enseñároslo!

¡Feliz viernes!

 

Cosas del embarazo

Jelou!

Hoy, ya en la semana 38+4, me animo a hablar sobre algunas cosas del embarazo.

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Mi experiencia está siendo bastante buena en cuanto a síntomas típicos. No puedo decir que no haya tenido alguna molestias, pero han sido tan leves que me considero afortunada. Eso sí, he de reconocer que toda mi preocupación, gira en torno al bebé, a Violeta. ¡Vaya responsabilidad es llevar una vida dentro! Sólo deseo que nazca bien y que esté sana. 

Durante el embarazo, he descubierto cosas que normalmente no te cuentan y, que me parecen curiosas de comentar, pues supongo que casi todas las mujeres pasan por ello a medida que su cuerpo cambia de tamaño. Allá voy:

  1. ¿Dónde están mis abdominales?
    Un día te tumbas en el sofá o en la cama y te intentas incorporar como de costumbre. De pronto, te das cuenta de que no es posible y te ves cual cucaracha boca arriba con las patitas y los brazos hacia el techo. Es el momento de aprender una nueva habilidad: incorporarse haciendo la croqueta. Ruedas por tu costado y, ¡arriba!
    Mientras, tu pareja te mira y se ríe. Como tú también te ríes, tus abdominales no dan más de sí e incorporarte acaba convirtiéndose en un auténtico reto.
  2. El suelo…¡buff!
    No sé si es vuestro caso, pero basta que te haya crecido un poquito la tripa para te parezca que el suelo está a una distancia descomunal y, lo peor de todo, es que todo se te cae. Estiras los brazos hacia al suelo para recoger algo que se ha caído y piensas: “¿Cuándo me han encogido los brazos?”. Lo que antes hacías sin problemas, ahora es otro auténtico desafío. Pronto empiezas a buscar la manera de que el objeto que se ha caído vuelva a su sitio.
    En mi caso, si Nacho está en casa, recurro a la frase “de ahí no pasa” y  pongo ojos del gato de Shrek.
    Si estoy sola en casa, agarro el objeto con los dedos del pie (como un monito), doblo la rodilla de tal manera que el pie llegue hasta mi mano y ¡voilá, objeto recogido!
    (Bendito el día que mis profesoras de ballet me dijeron que practicara recoger bolígrafos con los dedos de los pies).
    Ponerse unos calcetines, unos pantalones o unos zapatos sin sentarse, también es otro reto.
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  3. Dormir
    A medida que la barriga crece, aparecen algunos dolores lumbares y calambres en las piernas, así que comienzas a llenar la cama de cojines extras: un cojín entre las piernas, otro en la espalda, otro debajo de la tripa, el de la cabeza, … Al final, te encuentras en un bunker de cojines y dejas de saber si tu pareja sigue durmiendo a tu lado.
    Yo compré, en torno a la semana 28, una almohada de embarazo a la que bautizamos como Marido Dos (Marido a secas para los colegas) y, oye, mano de santo. Es tan blandita y achuchable que, al final, acabamos los dos abrazados a Marido.
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  4. ¡Azuuuuuúcarrrr!
    A principio del segundo trimestre, empecé a tener hipoglucemias, muchas de ellas después de haber desayunado bien de hidratos de carbono, que son de absorción más lenta, y, a pesar de ello, me mareaba a la más mínima. Por esta razón, mi bolso iba, y va, cargado de snacks para no caer redonda en medio de la calle.
  5. ¿Volver o no volver? Esa es la cuestión
    Llega el momento en que el bebé comienza a presionar tu vejiga, así que intentas ir al baño antes de salir de casa (tengas o no ganas). Sales de casa, comienzas a andar y a unos 30 metros, comienzas a notar presión. Te paras y piensas: “¿vuelvo a casa ahora que estoy cerca?”. El bebé deja de presionar y sigues caminando 20 metros más. Vuelve a presionar. Retrocedes y haces el camino de vuelta a casa. Deja de presionar. Te paras. La sensación pasa de largo. Vuelves a avanzar y, con un poco de suerte, puedes seguir con el paseo sin tener sensación de tener que ir al baño.
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  6. Auto-depilarse
    ¡Jajajajajajajajajaja! No haré muchos comentarios al respecto. Por poder, se puede (no hablo de las piernas). Cada una se las ingenia de una manera. ¿El resultado? Jajajajaja…
  7. ¿Quién ha puesto todas estas escaleras aquí?
    Cuando volvimos a España por Navidad, estuvimos en casa de mis padres, como siempre. Mi habitación está en la buhardilla, 4ª planta sin ascensor. Afortunadamente, no había que subir desde el garaje, por lo que podemos considerar 3ª planta. Aún así, había que subir o bajar dos escaleras varias veces al día: para desayunar, para ducharse, para coger algo que se te ha olvidado, para ponerse el pijama, ¡para todo!, ya que es ahí donde dejamos nuestras cosas para pasar unos días.
    La primera vez que subes en el día, lo llevas bien, pero las siguientes…Miras hacia arriba, subes un escalón, dos escalones, tres, cuatro, cinco, …Vuelves a mirar hacia arriba y aún no ves la cumbre. Dieciséis escalones más tarde, alcanzas la cima. Bien, no estás  excesivamente sofocada, pero…¡oh. no, falta otro tramo! Empiezas a subir agarrándote a las barandillas y, por fin llegas. Jadeas. Vuelves a bajar las dos escaleras y… “¡Mierda! se me ha olvidado…”
    Y es que el embarazo avanza y el cuerpo se cansa con más facilidad.
  8. ¡Nooooo! ¿Por quuuué?
    Llega ese momento de relax, el de ver una película en el sofá.
    Te preparas un vaso de agua y lo dejas encima de la mesa de café. Ya con una tripa interesante, te acomodas en el sofá y pones las piernas encima de la mesita. Te entra sed. Miras el vaso. Te das cuenta que no lo has dejado al alcance de tu mano. “¡Noooo! ¿Por qué?”. Bajas las piernas, sacas el culo del sofá y pierdes la posición tan cómoda que tanto te había costado conseguir.
    (Lo del vaso de agua es aplicable al mando de la tv).IMG_3372.JPG
  9. Ropa de embarazada
    La primera vez que compras unos vaqueros premamá hace una ilusión increíble. Yo los compré en torno a la semana 16 y descubrí lo que es tener unos pantalones vaqueros realmente cómodos. Unas semanas más tarde, compras medias de premamá para ponerte con vestidos y ¡guaaaau! No aprietan la barriga, las costuras son blanditas, las telas suelen ser suaves, …¡es el paraíso!
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    También están los leggins, las camisetas elásticas y largas que se ajustan a tu cuerpo, camisolas, la ropa interior, camisones,… ¡una maravilla!
    Y, como es mi caso, un poco más tarde, cuando llegas a la semana 34, toda esa ropa que has comprado parece que ha encogido. (Bueeeeno, vale, no, tú te has hecho más graaaande). Abres el armario, sacas los vaqueros que antes te parecían hipercomodísimos, te los pones un rato y ¡grrr! Estás deseando llegar a casa para quitártelos y ponerte el chandal, el pijama que aún te vale o un camisón ligero que te deje libertad.
    He de decir que no me he vuelto loca con las compras de ropa de premamá. Al dejar de valerme a las 34 semanas, decidí que ya no me merecía la pena comprar más cosas. Bueno, sí, compré otros leggins premamá más grandes, pero desde hace una semana y pico, me aprietan demasiado la tripa…
    Conclusión: en esta recta final, ¡voy hecha una pintas! jajaja
    ¡Tenemos unas ganas locas de conocer a Violeta! 😀

¡Feliz martes!